Reumatólogo Quito | Dr. Patricio Lopez
Especialista en Reumatología y Enfermedades Autoinmunes
¿Qué enfermedades trata un Reumatólogo?
El reumatólogo es el médico especialista en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades que afectan los huesos, las articulaciones, los músculos y el sistema inmunológico.
Entre las más frecuentes se encuentran:
- Enfermedades óseas: osteoporosis, que debilita la estructura ósea y aumenta el riesgo de fracturas.
- Enfermedades articulares: artritis (dolor, rigidez o inflamación sin causa traumática).
- Dolores crónicos y generalizados: fibromialgia, dolor lumbar o cervical, síndrome de fatiga crónica.
- Enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, lupus, esclerodermia, síndrome de Sjögren, síndrome antifosfolípido, entre otras.
¿Cuándo acudir al Reumatólogo?
Acude al reumatólogo cuando presentes dolor, rigidez o hinchazón en las articulaciones sin causa aparente, o síntomas persistentes como fatiga, inflamación o sospecha de enfermedad autoinmune.
El reumatólogo es el especialista en dolor articular no traumático y en enfermedades del sistema inmunológico.
Síntomas de alarma que no debes ignorar:
- Dolor o rigidez matutina en manos, rodillas, cuello o espalda.
- Inflamación visible, calor o enrojecimiento en las articulaciones.
- Fatiga constante o cansancio sin causa aparente.
- Dolor muscular o articular que empeora con el reposo o el clima frío.
- Pérdida de fuerza o dificultad para realizar movimientos cotidianos.
- Caída de cabello, manchas en la piel o sensibilidad al sol.
- Hormigueo, fiebre leve o sensación de “gripa” persistente.
- Dolor migratorio o bilateral (cambia de lugar o afecta ambos lados del cuerpo).
Estos síntomas pueden estar relacionados con artritis, lupus, fibromialgia, esclerosis sistémica, síndrome de Sjögren u otras enfermedades autoinmunes o inflamatorias.
¿Qué son las Enfermedades Autoinmunes?
Las enfermedades autoinmunes aparecen cuando el sistema inmunológico ataca por error los propios tejidos del cuerpo, provocando inflamación y daño. En lugar de protegernos, el sistema inmune confunde lo propio con lo extraño.
Este proceso puede afectar las articulaciones, la piel, los músculos y los órganos internos. Sus causas son diversas: genéticas, hormonales o ambientales.
El tratamiento tiene como objetivo controlar la inflamación y evitar daños permanentes.
Artrosis
La artrosis es una enfermedad que aparece cuando el cartílago que protege las articulaciones se desgasta con el tiempo. Este desgaste es un proceso natural del envejecimiento, pero se convierte en un problema cuando causa dolor, rigidez o limita el movimiento.
Con los años, todas las personas pueden desarrollar algún grado de artrosis, pero en algunos casos el desgaste es más rápido o severo, afectando la calidad de vida.
Factores como la edad, el sobrepeso, lesiones previas o el uso repetitivo de las articulaciones pueden acelerar este proceso.
El objetivo del tratamiento es aliviar el dolor, mejorar la movilidad y prevenir el avance del daño articular.
Artritis Reumatoide
La artritis es la inflamación del cartílago, lo que provoca dolor, hinchazón, rigidez y dificultad para moverse. Existen muchos tipos de artritis, por eso es importante un diagnóstico preciso para determinar la causa y el tratamiento adecuado.
Los síntomas más comunes son dolor al mover o tocar la articulación, rigidez matutina y, en casos avanzados, limitación del movimiento o deformidad articular.
Lupus
El lupus es una de las enfermedades autoinmunes más representativas. En esta condición, el sistema inmunológico —que normalmente nos protege de virus y bacterias— se confunde y comienza a atacar los propios órganos y tejidos del cuerpo.
Puede afectar diferentes sistemas, como la piel, las articulaciones, los riñones o el corazón, y sus manifestaciones varían en cada persona.
En otras palabras, las defensas del cuerpo dejan de protegernos y se vuelven contra nosotros, provocando inflamación y daño en distintos órganos.
Fibromialgia
La fibromialgia es una de las causas más frecuentes de dolor crónico generalizado. Se produce por una alteración en la forma en que el sistema nervioso percibe el dolor, haciendo que estímulos leves se sientan mucho más intensos.
Afecta aproximadamente al 6–7 % de la población, siendo más común en mujeres. Las personas que la padecen suelen describir su malestar como “me duele todo el cuerpo” o “me duele hasta el pelo”, ya que el dolor no se limita a una zona específica.
Otros síntomas frecuentes incluyen fatiga persistente, sueño no reparador, rigidez, problemas digestivos y hormigueo en las manos.
Osteoporosis
La osteoporosis es una enfermedad silenciosa que debilita los huesos. Con el tiempo, los huesos pierden parte de su masa y su estructura interna, volviéndose más frágiles y propensos a fracturarse ante golpes o caídas leves.
Es importante saber que la osteoporosis no causa dolor por sí misma. El dolor aparece solo cuando ya se ha producido una fractura, por ejemplo, en la cadera, muñeca o columna.
Por eso se la conoce como una “enfermedad silenciosa”, ya que puede avanzar sin síntomas durante años hasta que ocurre la primera fractura. La detección temprana mediante estudios como la densitometría ósea permite prevenir complicaciones y mantener huesos fuertes y saludables.
Gota – Enfermedad del ácido úrico
La gota es una enfermedad muy común que aparece cuando el nivel de ácido úrico en la sangre aumenta más de lo normal. Este exceso forma cristales microscópicos que se depositan en las articulaciones, provocando inflamación, enrojecimiento, calor y un dolor intenso.
El síntoma más característico es el dolor repentino en el dedo gordo del pie, que se inflama y puede dificultar caminar o incluso rozarlo con la sábana. Sin embargo, también puede afectar otras articulaciones como tobillos, rodillas o manos.
Aunque los ataques son muy dolorosos, la gota puede controlarse fácilmente con un buen tratamiento, cambios en la alimentación y hábitos saludables que eviten nuevos episodios.
Esclerodermia
La esclerodermia es una enfermedad autoinmune poco frecuente en la que el propio sistema inmunológico provoca un endurecimiento progresivo de la piel, las articulaciones y, en algunos casos, de los órganos internos.
Con el tiempo, la piel puede volverse más rígida y tirante, especialmente en el rostro y las manos, lo que hace que disminuya la expresión facial y los movimientos sean más limitados.
Uno de los primeros signos que pueden alertar sobre esta enfermedad es el fenómeno de Raynaud: los dedos de las manos cambian de color (blanco, azul o rojo) al exponerse al frío o al estrés, debido a una alteración en la circulación.
Aunque es una enfermedad compleja, un diagnóstico temprano y un manejo integral ayudan a reducir los síntomas, proteger los órganos y mejorar la calidad de vida.
Fenómeno de Raynaud
El fenómeno de Raynaud ocurre cuando, ante el frío o el estrés, la circulación en los dedos disminuye y la piel cambia de color. Primero los dedos se ponen blancos (por falta de flujo sanguíneo), luego azulados (por falta de oxígeno) y finalmente rojos (al regresar la sangre).
Suele afectar principalmente las manos, aunque también puede presentarse en los pies, la nariz o los labios.
Este fenómeno puede aparecer solo o ser una señal temprana de enfermedades autoinmunes, como la esclerodermia o el lupus. El reconocimiento temprano permite prevenir complicaciones y cuidar la circulación adecuadamente.
Síndrome Seco – Síndrome de Sjögren
El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune en la que las glándulas que producen humedad —como las de las lágrimas y la saliva— dejan de funcionar correctamente, causando sequedad en todo el cuerpo.
Los síntomas más comunes son:
- Sequedad en los ojos: sensación de arena o ardor.
- Sequedad en la boca: dificultad para tragar o hablar.
- Piel y garganta secas: tos persistente.
- Sequedad vaginal en mujeres, especialmente después de los 50 años.
A veces también aparecen fatiga, dolores musculares y articulares, que pueden confundirse con fibromialgia o menopausia.
Vasculitis
La vasculitis es un grupo de enfermedades autoinmunes en las que se produce inflamación de los vasos sanguíneos —arterias, venas o capilares—, lo que puede estrecharlos, obstruirlos o dañarlos, reduciendo el flujo de sangre o provocando hemorragias en los tejidos que esos vasos irrigan.
Pueden ser formas primarias, sin causa aparente, o secundarias, cuando están asociadas a infecciones, medicamentos u otras enfermedades autoinmunes. Existen muchos tipos, según el tamaño del vaso afectado (vasos grandes, medianos o pequeños) y los mecanismos inmunes implicados.
Signos a tener en cuenta
Algunos síntomas que podrían alertar sobre una vasculitis incluyen:
- Fiebre inexplicada, fatiga o pérdida de peso sin causa aparente.
- Dolores o molestias en diferentes partes del cuerpo (articulaciones, músculos, piel).
- Manchas rojas o lesiones en la piel, hematomas sin golpe, llagas abiertas o sangrado bajo la piel.
- Problemas en órganos específicos: dificultad para respirar, tos con sangre, síntomas renales (cambios en la orina), afectación de nervios (entumecimiento o debilidad).
- Cambios repentinos en manos o pies: frialdad, entumecimiento o palidez debido a la disminución del flujo sanguíneo.
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